El Citroën 2CV es uno de los automóviles más icónicos del siglo XX: un coche humilde, asequible y simple que revolucionó la automoción tras la Segunda Guerra Mundial. Pero entre todas sus versiones, destaca una tan sorprendente como insólita: el 2CV Sahara, un auténtico todoterreno bimotor con tracción integral, desarrollado a finales de los años 50.
El origen de una idea audaz
La idea del Sahara surgió para cubrir una necesidad muy concreta: un vehículo económico, ligero y capaz de circular por terrenos difíciles como arena, caminos remotos o pendientes pronunciadas, sin el peso y coste de un 4×4 convencional. Citroën buscaba un coche útil para zonas rurales del norte de África y colonias francesas, donde las carreteras eran escasas y la movilidad un reto constante.
En lugar de recurrir a una transmisión complicada, los ingenieros adoptaron una solución ingeniosa: dos motores de combustión ligera, uno en la parte delantera y otro en la trasera, cada uno con su propia caja de cambios y depósito de combustible.
Por qué dos motores
La idea surgió gracias a Maurice Bonafous, un ingeniero que, tras destrozar su Jeep Willys en 1955, decidió experimentar con su 2CV de serie y añadirle un motor en el maletero. La solución funcionó tan bien que llamó la atención de Citroën, que tres años después presentó al público un 2CV bimotor de serie, más ligero y sencillo que los 4×4 tradicionales, bajo el nombre de 2CV Sahara. La producción oficial comenzó en 1960.
Cómo funcionaba realmente
El Sahara no era un 2CV con tracción total convencional. Sus peculiaridades eran impresionantes:
- Dos motores bóxer de 425 cm³ cada uno, con 24 CV combinados.
- Uno impulsaba las ruedas delanteras, el otro las traseras.
- Cada motor tenía su propia caja de cambios, pero una única palanca sincronizada permitía mover ambos de forma conjunta.
- Cada motor contaba con un depósito de 15 litros, ubicado debajo de cada asiento delantero.
- Funcionaba en tracción delantera, trasera o total, dependiendo del motor que se arrancara.
- Se necesitaban dos llaves de contacto, una para cada motor.
Con ambos motores funcionando, alcanzaba cerca de 100 km/h, y con uno solo llegaba a unos 65 km/h. A pesar de su potencia modesta, podía subir pendientes del 40 % cargado con cuatro ocupantes y moverse con agilidad sobre arena y terrenos difíciles.
Los 2CV Sahara de la Guardia Civil en España
En España, el Sahara no se vendió a particulares, pero sí circuló con la pintura y los logos de la Guardia Civil. Costaban el doble que un 2CV normal, aunque seguían siendo más económicos que alternativas de la época como Land Rover o Jeep.
Algunas peculiaridades visibles en las fotos de época:
- Tapa de depósito en cada lado.
- Tapa de maletero con un ventilador a la vista.
- Rueda de repuesto sobre el capó (no cabía dentro).
- Aletas traseras recortadas.
La fábrica de Vigo produjo 86 unidades para la Guardia Civil, más 15 de recambio, con una rebaja del 35 % sobre el precio inicial. Los coches fueron usados en patrullas rurales, minas y servicios médicos en zonas montañosas. Su interior era sencillo, con volante de hierro y asientos tipo hamaca, y podían soportar temperaturas extremas y castigos de los terrenos accidentados durante casi 20 años.
Prestaciones y capacidad todoterreno
El Sahara destacaba por su ligereza y resistencia:
- Pesaba apenas 735 kg, solo 260 kg más que un 2CV estándar.
- La suspensión independiente combinada con tracción integral le daba agilidad inesperada en arena, tierra o caminos rotos.
- La ausencia de insonorización hacía que los dos motores fueran ruidosos, pero permitía un rendimiento superior a cualquier 4×4 de su tamaño.
- Quitar el techo de lona para patrullar en días cálidos era toda una experiencia.
Producción, rareza y valor
Entre 1958 y 1971 se fabricaron 693 unidades del Sahara, de las cuales solo unos 30 se conservan actualmente. Este modelo es muy buscado por coleccionistas, y una unidad de la Guardia Civil llegó a subastarse por 132.250 € en RM Sotheby’s.
Legado e importancia histórica
Aunque no fue un superventas debido a su precio y complejidad, el 2CV Sahara demostró la capacidad de Citroën de innovar y adaptar soluciones ingeniosas a problemas reales de movilidad. En España y otros países, conectó zonas de difícil acceso con servicios médicos, mineros y de seguridad, y sigue siendo un símbolo de audacia mecánica y creatividad automovilística.


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